En San Miguel, como el resto del país, las autoridades están perdiendo la guerra contra las pandillas. Estas bandas extorsionan, asesinan, venden drogas, y funcionan como un Estado paralelo. Es decir, cobran impuestos e implementan sus propias ordenanzas. En San Miguel, gran parte de la población del campo está siendo obligada a emigrar a otras ciudades del país, o si tienen suerte, a Estados Unidos.
El problema de la delincuencia en El Salvador no solo afecta a los salvadoreños que viven en el país. También afecta aquellos que están fuera. Los pandilleros obligan a salvadoreños que viven en Estados Unidos a pagar extorsiones si quieren que sus familiares sigan con vida. Conozco a varias familias salvadoreñas que han sido extorsionadas por estas bandas criminales.
Uno de los mayores problemas que tenemos los salvadoreños es la violencia. Nadie puede dormir tranquilo. Desde la señora que vende pupusa en un cantón hasta el empresario mediano, están siendo extorsionados por estos delincuentes. Si la señora que vende pupusa rehúsa pagar el impuesto, corre el peligro de amanecer ahorcada en su propia casa.
He señalado la deficiencia del Estado en luchar contra esta hampa. Vuelvo a repetir que el Estado Salvadoreño está perdiendo la guerra contra los delincuentes que tienen a comunidades enteras bajo un vilo. Es preciso que la sociedad civil se organice, que los políticos dejen de lado sus diferencias partidarias, y lleguen a un acuerdo para terminar con esta plaga de una vez por todas.
Es hora de dejar de lado los discursos que suenan como un disco rallado. Si El Salvador quiere salir adelante, tenemos que luchar contra la delincuencia con la ley en la mano. El Estado de derecho tiene que prevalecer ante todo. Y es aquí dónde no podemos confundir los derechos de las personas honradas con los derechos que reclaman aquellos que sistemáticamente han decidido atropellar los derechos de los demás. Un asesino pandillero pierde su derecho como ciudadano, y la sociedad tiene una obligación de castigarlo con todo el peso de la ley.
Los salvadoreños hemos vivido bastante tiempo bajo la sombra de la violencia. Los derechos humanos fueron violados una y otra vez durante la guerra civil. Y nos oponemos a cualquier atropello contra los derechos humanos. Sin embargo, no nos vamos a oponer si a los delincuentes se les quita el derecho de tener un celular en la cárcel. Tampoco nos vamos a oponer si se suspende temporalmente la visita de familiares a pandilleros quienes aprovechan estas visitas para enviar órdenes a sus secuaces desde la cárcel. Los mismos familiares tendrán que entender que sus hijos e hijas se han unido a bandas armadas, que han violentado su derecho de coexistir entre gente honrada.
Toda sociedad, si quiere salir adelante, tiene que hacer prevalecer el Estado de derecho. En esto toda persona razonable tiene que estar de acuerdo. Los salvadoreños queremos vivir en paz, queremos trabajar y saber que nuestros niños podrán vivir en un país seguro. La madre salvadoreña tiene el derecho de dormir tranquila, y quedarse tranquila cuando sus hijos salen a la calle a jugar con sus amigos.
El Gobierno Salvadoreño necesita mejorar sustancialmente su inteligencia policíaca. No se debe permitir que pandilleros a plena luz del día intimiden a mujeres, hombres, niños y ancianos. En San Miguel, la población muchas veces tiene miedo en denunciar estos atropellos ante las autoridades porque pueden ser victima de represalias. Esta intimidación está ocurriendo a lo ancho y largo del país. ¿Dónde está la inteligencia policíaca para detectar y arrestar a estos criminales? Habrá que ser más fuerte contra la delincuencia. Es aquí dónde primero es necesario enviar a la cárcel a los violentos pandilleros, y luego hacer preguntas. Pero aquí está ocurriendo lo contrario: primero se espera que el pandillero mate a su victima, y luego la policía lo busca para capturarlo.
La ley es la ley. Pero el juez y las autoridades tienen la obligación moral de prevenir la violencia contra la gente honrada. Los ciudadanos saben quienes son los violentos e extorsionistas. La inteligencia del Estado debería tener una lista de esos criminales pandilleros, y con la orden de un juez, hacer una redada nacional a primera horas de la mañana, especialmente cuando estos violentos están durmiendo.
Vuelvo a repetir, una cosa son los derechos humanos que todos los salvadoreños tenemos, y otra cosa son los derechos de estos criminales. El único derecho que tienen es estar en la cárcel, apartado de la sociedad decente. Talvez es hora de construir una cárcel de máxima seguridad que solo permita las visitas familiares una vez por año. Un pandillero violento debería perder el derecho de ver a sus familiares, y tener acceso al mundo exterior. La gente honrada ganará la guerra contra ésta hampa.
© 2009 Manuel García
El Blog El Salvador Posible busca aportar ideas y soluciones a los grandes desafíos que afronta el pueblo salvadoreño. Al decir pueblo salvadoreño, se incluye a la diáspora salvadoreña como parte integral de la nación salvadoreña.
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miércoles, 23 de septiembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
¡Los Salvadoreños No Tenemos Tiempo!
Durante la Administración Saca, se hizo mucho ruido con la campaña de Mano Dura contra la delincuencia. Si el dinero que se invirtió en publicidad se hubiese invertido en mejorar la inteligencia policial, detectar y sancionar a funcionarios corruptos, invertir para que el sistema judicial sea más eficiente y transparente, entre otras medidas urgentes, los salvadoreños honestos, trabajadores y decentes, estaríamos viviendo mejor.
Pero la triste realidad es que El Salvador está en guerra, y hasta hoy, el problema de las pandillas se ha visto como que fuese un problema que puede ser resuelto con publicidad, o a medias tintas, es decir, nadie quiere aceptar responsabilidad. El Presidente Mauricio Funes pide tiempo para resolver el problema de la delincuencia. Señor Presidente, ¡los salvadoreños no tenemos tiempo!
12 personas mueren asesinadas cada día en El Salvador. Miles de familias están siendo extorsionadas por pandilleros criminales que cobran impuestos. Muchas personas humildes están recurriendo a préstamos para pagar impuestos a pandilleros. Los pandilleros violan a mujeres, torturan a jóvenes, mutilan los cuerpos de sus victimas, y hacen otras salvajadas que no tienen nombre, y en El Salvador los políticos se gastan grandes sumas de dinero en publicidad, y otros piden más tiempo para resolver el problema de la delincuencia.
El mundo tiene una imagen terrible sobre El Salvador. Mucha gente cree que todavía la guerra civil no ha terminado. Y en cierta medida, está imagen distorsionada es producto de la violencia que vivimos. El inversionista no quiere poner su dinero en El Salvador porque el país no tiene ni las más mínimas condiciones de seguridad. El turista no viene a El Salvador porque venir aquí es como ir a Afganistán. Esta es la triste realidad. El gran desafío que tenemos los salvadoreños es ponerle fin a la violencia.
El cineasta Franco-Español Christian Poveda sabía bien que El Salvador es un país violento. Su documental, “La Vida Loca”, demuestra la realidad de las pandillas. En cierta medida, el documental nos dice que hay jóvenes que pueden ser rescatados y rehabilitados, y pueden ser integrados en la sociedad. El documental de Christian Poveda nos enseña también que el mundo de la pandilla es un mundo criminal, que opera como un ejército, que no tiene valores ni principios. Además, Christian Poveda, a través de su documental, nos dijo que la violencia que generan las pandillas no tiene una fácil solución.
La Administración Funes ya cumplió sus primeros 100 días. No se le puede pedir al nuevo Gobierno que resuelva la violencia de la noche a la mañana. Sin embargo, se le puede pedir que ponga un reloj en la mesa, y que cada día, ponga las fotografías de las victimas en su mesa, y que sume el número de victimas, y luego se pregunte qué hubiese hecho para evitar que esas personas hayan muerto en manos de criminales que tienen aterrorizadas a comunidades enteras.
Christian Poveda fue asesinado en El Salvador por cobardes pandilleros, y si esto hubiese ocurrido en Estados Unidos, el fiscal estuviese pidiendo la pena de muerte. Mucha gente pide que se aplique la pena de muerte en El Salvador. Yo pido que se aplique la ley, y que las condenas sean severas, incluyendo cárcel por vida a cualquiera que haya matado una persona. Si hay que gastar dinero, deberíamos gastarlo para enviar a la cárcel a los pandilleros que cobran impuestos, trafican con drogas y armas, violan a mujeres, y asesinan a gente inocente.
Pido que si la violencia no baja sustancialmente en los próximos meses, que haya responsabilidades políticas. Es cierto que el problema de la delincuencia es un problema heredado, pero el FMLN ha tenido oportunidad de aportar soluciones como partido político desde el fin de la guerra civil. Hoy son Gobierno. Deberían recordar que el reloj está marcando la hora. Es hora de solucionar los problemas sin demagogia o excusas. El pueblo salvadoreño les ha dado una oportunidad. No deberían esperar hasta que la gente haga justicia con sus propias manos.
© 2009 Manuel García
Pero la triste realidad es que El Salvador está en guerra, y hasta hoy, el problema de las pandillas se ha visto como que fuese un problema que puede ser resuelto con publicidad, o a medias tintas, es decir, nadie quiere aceptar responsabilidad. El Presidente Mauricio Funes pide tiempo para resolver el problema de la delincuencia. Señor Presidente, ¡los salvadoreños no tenemos tiempo!
12 personas mueren asesinadas cada día en El Salvador. Miles de familias están siendo extorsionadas por pandilleros criminales que cobran impuestos. Muchas personas humildes están recurriendo a préstamos para pagar impuestos a pandilleros. Los pandilleros violan a mujeres, torturan a jóvenes, mutilan los cuerpos de sus victimas, y hacen otras salvajadas que no tienen nombre, y en El Salvador los políticos se gastan grandes sumas de dinero en publicidad, y otros piden más tiempo para resolver el problema de la delincuencia.
El mundo tiene una imagen terrible sobre El Salvador. Mucha gente cree que todavía la guerra civil no ha terminado. Y en cierta medida, está imagen distorsionada es producto de la violencia que vivimos. El inversionista no quiere poner su dinero en El Salvador porque el país no tiene ni las más mínimas condiciones de seguridad. El turista no viene a El Salvador porque venir aquí es como ir a Afganistán. Esta es la triste realidad. El gran desafío que tenemos los salvadoreños es ponerle fin a la violencia.
El cineasta Franco-Español Christian Poveda sabía bien que El Salvador es un país violento. Su documental, “La Vida Loca”, demuestra la realidad de las pandillas. En cierta medida, el documental nos dice que hay jóvenes que pueden ser rescatados y rehabilitados, y pueden ser integrados en la sociedad. El documental de Christian Poveda nos enseña también que el mundo de la pandilla es un mundo criminal, que opera como un ejército, que no tiene valores ni principios. Además, Christian Poveda, a través de su documental, nos dijo que la violencia que generan las pandillas no tiene una fácil solución.
La Administración Funes ya cumplió sus primeros 100 días. No se le puede pedir al nuevo Gobierno que resuelva la violencia de la noche a la mañana. Sin embargo, se le puede pedir que ponga un reloj en la mesa, y que cada día, ponga las fotografías de las victimas en su mesa, y que sume el número de victimas, y luego se pregunte qué hubiese hecho para evitar que esas personas hayan muerto en manos de criminales que tienen aterrorizadas a comunidades enteras.
Christian Poveda fue asesinado en El Salvador por cobardes pandilleros, y si esto hubiese ocurrido en Estados Unidos, el fiscal estuviese pidiendo la pena de muerte. Mucha gente pide que se aplique la pena de muerte en El Salvador. Yo pido que se aplique la ley, y que las condenas sean severas, incluyendo cárcel por vida a cualquiera que haya matado una persona. Si hay que gastar dinero, deberíamos gastarlo para enviar a la cárcel a los pandilleros que cobran impuestos, trafican con drogas y armas, violan a mujeres, y asesinan a gente inocente.
Pido que si la violencia no baja sustancialmente en los próximos meses, que haya responsabilidades políticas. Es cierto que el problema de la delincuencia es un problema heredado, pero el FMLN ha tenido oportunidad de aportar soluciones como partido político desde el fin de la guerra civil. Hoy son Gobierno. Deberían recordar que el reloj está marcando la hora. Es hora de solucionar los problemas sin demagogia o excusas. El pueblo salvadoreño les ha dado una oportunidad. No deberían esperar hasta que la gente haga justicia con sus propias manos.
© 2009 Manuel García
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